Hoy ha soplado poniente en el Estrecho de Gibraltar. Aquí vivo. El poniente es un viento que dibuja el horizonte cual pincel y refresca apenas se esconde el sol. Me gusta mirar y seguir asombrandome por este espectaculo.
Con esta imagen a nuestra espalda camino con mi hijo hacia el colegio. Comenzamos curso pero seguimos igual. Mi hijo es un gran incomprendido entre sus iguales y con 5 añitos ya sabe de desaires y olvidos, de soledades y vacío.
Por eso toda la semana pasada estuvo vomitando el desayuno mientras repetia "estamos de vacaciones" "al campo" "al cole no"... y yo, incapaz de mentirle, le intento hacer cómoda su estancia allí, vamos cantando, él cree que le espero las 5 horas sentada en la puerta de salida y solo así se tranquiliza.
La verdad es que yo lo paso tan mal como él. Sabiendo que en el patio juega solo y que todos anteponen su autismo a su niñez. Mi hijo es un niño, y disfruta con las cosas de los niños. A todos los que nos demuestran su indiferencia, la nuestra.
Aun soy capaz de hacer de sus días una fiesta, de reirnos mucho y esforzarnos juntos. Mientras yo sea capaz lucharé por su felicidad.
Mi niño no se ha dado cuenta del cumpleaños que a su espalda se ha organizado. Fernando cumplirá 5 añitos, pero mi Jesus, nuevamente no estará. Es el primero de la temporada. Y ya estamos acostumbrados.
Ay. Es que esta ultima semana ha sido agotadora. A los vomitos y la ansiedad de mi hijo, los nervios de los primeros días escolares de mi niña, la llegada a nuestra vida de Lucía, el paso atras en la salud de mi madre... Yo le cuento a mi niño que tengo arrugas nuevas en los ojos y 7 días resultaron mas densos que 7 años. Pero él no me entiende y solo acaricia mi cara. Mi niña, 3 años rumbosos y con una fuerza increible, me nota cansada y me dice que "cuando yo me haga pequeñita me llevara en su barriga y que se irá a trabajar y me llevara a jugar a la guardería y luego me esperará a la salida para que me ponga contentita"
Y claro, me hace reir.
Me gusta el poniente. Parece que tocaría Africa con solo estirar las manos.
Aun no aprendo a identificar el poniente del levante... pero viviré en el Estrecho en unos meses y se lo cerca que se ve Marruecos desde el pueblo que será mi casa, se que se despeja todo al punto que hasta parece que un trozo de tierra extraña al otro y se van acercando con las olas...
Todo se irá despejando